Se arremolina una sensación oscura
de sabor amargo y espeso,
el espejo de la mano que tiende la rama
con la que trepar sus esquinas infectas,
sus metales pesados, su insconsistencia.
Y se sorprende y se agita una,
al esclarecer la clandestina sombra
que la acompaña a diario,
casi familiar,
esa medianía letal que la separa
del desenlace de su siembra.
Al amanecer cada fuego se acorta
y abre una ventana diminuta de reconciliación
con los órganos, con el cuerpo,
con el aire que retumba el aliento seco rendido
de la purga.
Esa una es usted, que se entrevé al fondito del vaso yagé,
sabor a raíz y lodo,
olor fuerte quemado negro
la exhumación del cuerpo extraño
que le habita,
que también es usted.
Y se le hacen fractales
los espacios de carne y de hueso
reconociéndose en el animal y en la planta
entre el afuera y el adentro.
Comienza entonces
la conversación brutal con usted
que nunca vio regresar su copa de brindis
ni brillar sus colmillos en el corazón frío
de la selva.
El yo no, el pero, el otro, el
quizás, el necesito, el tendría
el millar de ecos guturales
que pían por entregarse a la víctima
que también cree,
sí, cree,
que es usted.
usted cazando la cicatriz
que justifica el trauma
usted confirmando la bruma
usted hundiendo los dedos
en su sangre
señalando al cazador
al otro lado del matiz
fruncido en su bisagra.
Un tac tac le llega leve...
suavito
un tac tac
levantando por el esófago.
Ese tac tac cada vez más violento y furioso
escanea su fuerza hacia arriba
se apresura
sube
toma velocidad
acelera
se embrutece
sigue pulsando
y de pronto: tac tac
rompe contradiente contralengua contrafuera
un corazón de lava
escupe por la boca
y aún sigue latiendo, dolido,
frente a usted.
ese tac tac retumba en un estallido,
y oye su voz, casi familiar.
Le dice: "abrígueme, también yo tengo latido"
Ese tac tac
le retorna la copa,
le brilla en el maxilar,
ese tac tac ha resultado
ser abatible.
Pues el otro lado
que se empeña en desdoblar
También es usted.