¿Quién, en su vivo juicio,
podría albergar
una luz
que no escueza al mundo?
Gobierna
el pedófilo,
el genocida,
el jinete.
Gobierna
la naúsea
el humo
la imagen desollada
de un animal
enfermo.
Gobiernan
los muertos que
llaman charco al abismo:
el hombre
deshumanizado
se masturba
con
el rocío
de la sangre.
No queda un lugar
donde pueda escurrirse
esta vergüenza.
¡Vinieron a por
el Amor,
Niemöller,
y ya no quedaba nadie que hablase
en nuestro nombre!
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